Que corra el aire es la colección de canciones que vuelven a poner en lo más alto a Luz Casal, quien llevaba casi cinco años sin publicar nuevos temas. El pasado lunes la gallega se subía al escenario del Teatro Cervantes, con las entradas agotadas desde hacía días y un público entregado a una artista que hizo gala de su profesionalidad, enfrentándose a las tablas con la reciente pérdida de su madre hacía apenas tres días.

La cantante dividió la noche en dos partes. La primera, con cerca de una hora de duración, en la que prácticamente interpretó la totalidad de los temas de su último disco afirmando que las cantaba para que aquellos que lo han comprado pudieran escucharlo en vivo y con la intención de quienes aun no, lo comprasen luego. Canciones como Lucas; Quise olvidarte; Meu pai, dedicada a su padre, y Amores, una versión de la popular Mari Trini que cierra dicho material, sirvieron para que el público se deshiciera en aplausos y no dejase de mandarle ánimos. Unas canciones de las que Luz se siente tan orgullosa que la han llevado a considerar este como “su mejor disco” y muestra de ello fue que los defendió con su impecable directo.

Fue en la segunda parte cuando Luz Casal confesó el momento que se encontraba viviendo. “El cuerpo se va pero el espíritu siempre estará presente”, se sinceró la artista, con un nudo en la garganta, mientras daba comienzo a las primeras estrofas de Entre mis recuerdos. De esta manera, comenzó un repasó por clásicos como Un nuevo día brillará o los roqueros Rufino, Plantado en mi cabeza y Loca, provocando que su entregado publico se viniese arriba y cantase de pie, cada letra, al escuchar semejante repertorio de éxitos. Las últimas canciones del concierto supusieron un emotivo y claro homenaje a su madre. Letras directas al corazón, como son Lo eres todo o Piensa en mi, y poniendo el punto y final con Te dejé marchar, tema con el que no dejó de mirar al cielo para luego agradecer, emocionada, el cariño a su fieles seguidores.

En esta noche tan sentida, Luz se rodeó de grandes músicos como Tino Di Geraldo, a la batería; Jorge F. Ojea y Borja Montenegro, ambos a la guitarra; Peter Oteo, al bajo; y Josep Mª Baldomà, al teclado, quienes sin duda supieron acompañar la inconfundible voz de la artista para transmitir, junto a ella, un abanico de sentimientos. Su desnudez, la calidez de su interpretación, y esos sentimientos a flor de piel hicieron que Luz brillase más que nunca, demostrando que “si las lágrimas vuelven, ellas la harán más fuerte”.

Foto: Daniel Pérez

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